El gran desfile (King Vidor)

Hace justo ahora 100 años, en 1925, se estrenó en EEUU, concretamente en Los Ángeles, El gran desfile (The Big Parade) dirigida por King Vidor. Una película que nos cuenta la historia de Jim, un joven norteamericano, hijo de un millonario y con un carácter bastante frívolo, que de forma algo irreflexiva y queriendo satisfacer a su novia y parte de su entorno, se alista para ir a la Primera Guerra Mundial, que acaba de estallar.

La película, protagonizada por un solvente y casi omnipresente a lo largo de todo el metraje John Gilbert, sigue el periplo entero de este joven, inicialmente despreocupado, que se alista, va a Francia, recibe la instrucción, entra en batalla y finalmente vuelve a su hogar. Una historia que es un retrato personal y humanista y que se aleja del tono de otros films bélicos, ya que aquí el individuo se sobrepone al heroísmo y la batalla.

Así, lo que es la guerra en sí, el campo de combate, ocupa apenas un tercio de una película, que durante su primera mitad nos describe a Jim en su entorno acomodado y despreocupado, con novia y amigos de clase alta, y donde ya se nos presenta una relación muy especial con su madre, la única que parece ver con horror un alistamiento mitificado y romantizado por el resto.

A partir de ahí, un tiempo de instrucción en Francia, donde se junta con un par de compañeros de los que ya no se separará y en el que se transmite muy bien el ambiente de hermandad y camaradería que se genera en este tipo de contexto. Lugar donde también conoce a una joven campesina francesa de la que se enamora. Esta parte concluye de forma portentosa y espectacular, cuando las tropas son movilizadas rumbo a la batalla, con una secuencia en la que los dos enamorados buscan encontrarse entre todo el revuelo causado por el ingente movimiento de tropas.

A continuación, y de forma casi inmediata, empieza la batalla y vemos cómo el ejército en su avance va perdiendo hombres. Se nos presentan soldados cayendo tétricamente, como peones alcanzados por los disparos del enemigo. Tras esto, una segunda batalla, ahora entre las trincheras, en una lucha nocturna, casi espectral, llena de sacrificios y heroísmo.

Tras ello, la muerte de los compañeros, la recuperación del protagonista en el hospital, las secuelas y el retorno a casa, donde se alza una bellísima secuencia que es el reencuentro del soldado con su madre y como ésta evoca la infancia de un hijo que llega en unas condiciones muy maltrechas. No recuerdo haber visto muchas secuencias que plasmen tan bien el amor de una madre por un hijo y el hondo sentimiento que lleva aparejado.

El gran desfile es la primera gran obra de uno de los grandes del cine clásico, King Vidor, que posteriormente dirigiría films como Y el mundo marcha (1928), Duelo al sol (1946) o El manantial (1949). Dominador de todos los géneros, aunque con un claro enfoque social e ideológico en muchas de sus películas, suele mostrarnos en buena parte de su obra al individuo como hecho singular frente a la masa. Así, aquí se nos traslada una visión de la guerra pero desde el punto de vista de sus protagonistas, los soldados, representados por Jim, un hombre que como cualquier otro tiene anhelos, ilusiones y un futuro.

Un film sobresaliente, interesante, que aguanta bien el paso del tiempo y con un mensaje y una estructura muy vigentes, que sin lugar a dudas forma parte del canon del cine bélico.

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