Hong Sang-soo vuelve por sexto año consecutivo a la Berlinale. Esta vez, con What Does Nature Say to You?, a la Sección oficial. En la que acompañamos durante un día entero a un joven, Ha Seong-guk (Introduction, In water), a su novia, Kang Soyi (quien debuta en la actuación con esta película), y a sus padres, Kwon Hae-hyo (Walk up, The Day After) y Cho Yun-hee (In Front of Your Face). Por lo general, los rostros que acostumbramos a ver en sus películas. Como curiosidad, las dos parejas son parejas en la ficción y en la realidad. Tal vez esto, sumado al reducido equipo técnico, es lo que aporte esa naturalidad y frescura a la película.
Este relato, que podría estar sacado de las comedias y proverbios de Éric Rohmer, se divide en 8 capítulos enumerados por intertítulos en helvética. En ellos, se nos cuenta cómo un joven poeta acompaña a su novia a la casa de sus padres y, después de tres años de relación, acaba por conocer a su familia. Pasan el día juntos, su padre le enseña el jardín, come con su hermana, van a un templo, habla de poesía con su madre y cenan todos juntos. ¡Ah, sí! Y, cómo no, beben, beben mucho.
Estamos ante una película con un guion más conciso que otras cintas del director, que se asemejan más a una deriva. Parece poseer un guion más redondo y sólido. No solo por los personajes, relaciones y conversaciones que tienen estos y que orbitan en torno a sus temas recurrentes: el amor, la identidad y la incertidumbre del futuro. Sino porque se permite jugar con elementos externos a ellos, trasteando con metáforas que giran en torno a la naturaleza o el viejo coche del protagonista. Además, hay tintes mucho más cómicos. En general, en todas las películas del cineasta coreano hay algo de comedia, pero esta busca generar situaciones más incómodas o jocosas. Sumado a esas chispas de humor que se generan con el choque entre culturas. Por ejemplo, esa poca sensualidad e incluso falta de atracción que parece sentir la pareja protagonista resulta, cuanto menos, divertida. Aunque cuando les preguntaron por este tema en la rueda de prensa, a ellos les pareció natural. Incluso el director comentó, bromeando, que supone que la pareja, en la ficción y en la realidad, mostrará su afecto en la intimidad.
Hong Sang-soo sigue haciendo gala de esa austeridad formal que le caracteriza, con una fotografía que siempre parece estar fuera de foco, aunque con mayor claridad que en In water. Como si la nitidez ya no fuera estrictamente necesaria para contar una historia o emocionar al espectador. Además, aporta algo de naturalidad, así como un carácter pictórico a la película. Al salir de esta, pude identificar a un fan de Hong Sang-soo a mi lado, muy emocionado, que no paraba de repetir con énfasis: «¡Es un pintor impresionista! ¡Es un pintor impresionista!» Una predilección que es quizá el mejor reflejo de quienes insistimos continuamente recomendando su cine.
Uno de mis momentos favoritos de la película es cuando el protagonista dice que para él la poesía es buscar los destellos de la belleza en la vida, en lo cotidiano. Me parece que, por muchas palabras que escriba, no puedo describir el cine de Hong Sang-soo de una forma mejor. Su cine es poesía. Es ese momento en el que un rayo de luz invade una habitación de una forma especial. Es una conversación que escuchas en un bar. Es una flor que ha florecido antes de tiempo. Son todas esas cosas vistas desde una cámara que le concede espacio a las personas para que se relacionen y sean. Un espacio que les permita buscar el amor, la belleza o para que se cuestionen quienes son o quién quieren ser. La búsqueda de la identidad de uno mismo, sin duda, es uno de sus temas recurrentes. Y, también, el de muchos de nosotros. ¿Y es que no es acaso ese el gran tema de una vida?
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